
Esto de vivir junto al mar, con puerto marítimo, tiene sus ventajas. Una de ellas que siempre estoy invitado a todas las fiestas que se desarrollan a lo largo del litoral. Yates, barcos, veleros, cargueros... Cualquier tipo de buque que se precie; sea una jábega o una barca de pesca.
Así ocurrió en el rompehielos noruego Naumón, que aunque pone un cartel de "no entrar", entré.

Cierto que le faltaba una mano de pintura. Bueno, primero hay que lijar la superficie para quitar restos de óxido, aplicar una capa de decapante para limpiar restos totales de pintura; una nueva de minio y después dar el tono que indique el decorador. El espacio es grande, y es conveniente tomar medias antes de ir a comprar los productos. A tener en cuenta que son 60 metros de eslora (largo) y 9,50 de manga (ancho). Un bote de medio litro no va a ser suficiente.
Y entondes, allí estaba con mis 89 mejores amigos, y de repente se apagó la luz, la música atronaba los oídos, unos gritos... Creí por un instante que me había equivocado de fiesta hasta que empezó el karaoke.
SUB. Espectáculo de LA FURA DELS BAUS
El público se ve obligado a descender hasta situarse unos metros por debajo de la línea de flotación. Allí, en el plató de sus entrañas, cegados por la oscuridad, a merced la compañía, los asistentes se sumergen, literalmente, en un mundo desligado de la tierra, forjado de cuadernas metálicas y de "cicatrices" del tiempo. Más en la
web de Naumón. Y una
ampliación más (ATENCIÓN: Visualizar estas páginas pueden romper el embrujo y el encanto a los futuros visitantes de Naumón, vamos, que casi te cuentan el espectáculo).
El blog del día: El diario de Ian