Media noche. Se activan unas baterías para iluminar las nicherías del camposanto. Sonidistas, iluminadores, directores de arte, actores, camarógrafos, scripts y figurantes, a las órdenes del director, empiezan a desarrollar las primeras tomas de lo que posteriormente llegará a ser un cortometraje. Las actividades culturales no cesan en el cementerio de San Sebastián en Casabermeja, Málaga. Se presenta como una caja de sorpresas. Además de haber sido declarado en 2006 Bien de Interés Cultural en categoría de Monumento, en su recinto hay mucha más vida de la que cualquiera pudiera imaginar.

Existe un Plan Director que marca las líneas estratégicas a seguir, tanto en el interior como en el exterior del cementerio, con lo que en un futuro próximo se va a remodelar las zonas de acceso, y para ello cuentan con la colaboración del porcentaje que el Ministerio de Fomento entrega al municipio por la construcción de la autovía en su territorio. El mismo Plan Director desarrolla lo que han denominado Jardín funerario, es decir, una ruta botánica con flora funeraria, que abarca desde el laurel, las siemprevivas, los crisantemos o los cipreses.
No dejan los casabermejeños de potenciar su cementerio en todas y cada una de las actividades que se desarrollan a lo largo del año en el municipio, ya sea el Festival Flamenco de Cante Grande, al Feria de la cabra Malagueña o sus fiestas patronales. Aprendieron que, a pesar de la pena que puede haber por estar allí descansando sus seres queridos, es el cementerio un lugar que posee un atractivo especial y para ello siempre están dispuestos a mostrarlo, tanto a particulares como a colegios y grupos concertados. Ha pasado de ser un cementerio considerado en sus inicios para pobres de solemnidad, a tratarse de Monumento y tener más vida que muchos centros culturales.
Las nicheras
La tipología de tumba tradicional de Casabermeja, denominada nichera, puede considerarse como de especial singularidad. La bóveda cobija un espacio funerario rectangular de carácter familiar (puede albergar cuatro o cinco ataúdes y osario propio), al que se antepone una fachada de desarrollo vertical en la que se superponen, desde abajo, la boca o entrada, protegida por una artística reja; la lápida identificatoria, y un remate o frontis que adopta una cierta variedad de formas (triangulares, escalonadas, semicirculares, etc) y que está coronado por una cruz de forja de multitud de diseños.
Un regalo
Antonio Gala llegó a decir, que este es uno de los cementerios más hermosos que había visto. En respuesta de gratitud, el ayuntamiento de Casabermeja le regalo un panteón para el él y su familia, donde colocó una dedicatoria en la que deseaban que tardara mucho tiempo en ocuparla. El 4 de septiembre de 1992 Antonio Gala afirmaba en 'Proas y Troneras' que el cementerio de Casabermeja es uno de los más hermosos que había visto. Él lo recorrió despaciadamente y vio a los jóvenes estudiantes y a los novios pasearse mientras tomaban el fresco, veían alguna exposición o escuchaban buena música. Afirma lo siguiente: «Allí el Ayuntamiento tuvo a bien obsequiarme un rincón con buenas vistas para que, llegado el momento, yo lo ocupe. No tengo prisa. Si alguien quiere, puede ir calentándome la cama. Para quedarse en el sitio vale la pena éste».

Desde los primeros tiempos del cristianismo fue costumbre enterrarse cerca de las reliquias de los mártires, primero, y en el interior de las iglesias, después. Siglos de mantenimiento de esta práctica llevaron a una situación insostenible desde el punto de vista sanitario, por lo que Carlos III prohibió, en 1787, seguir enterrando en los templos, obligando a la construcción de cementerios alejados de las poblaciones.
Tras la toma de Málaga por los Reyes Católicos, y para mejorar la seguridad de los caminos, Casabermeja fue repoblada a comienzos del siglo XVI con cristianos procedentes de Extremadura, Castilla y Córdoba, fundamentalmente. Las primeras casas se dispusieron alrededor de la iglesia parroquial. En 1786 debía hallarse saturada dicha zona de enterramiento, y el obispo de Málaga, Manuel Ferrer y Figueredo, concedió una ayuda de 400 reales para la construcción de un camposanto. Se eligió el cerrillo de San Sebastián, situado en el lado opuesto al camino de Málaga-Antequera, un lugar bien ventilado y alejado del pueblo.

Inicialmente fue considerado un cementerio para pobres de solemnidad, puesto que los más pudientes siguieron utilizando la bóveda de la parroquia, hasta que en 1804 una nueva Real Orden prohibió taxativamente aplicar excepciones; por lo que desde 1805 todos los enterramientos se realizan en el cementerio, que adoptó el nombre del titular de la ermita y patrón del pueblo, San Sebastián.
Reproduciendo el mismo esquema de crecimiento urbano de Casabermeja, las primeras tumbas se dispusieron en derredor de la ermita y adosadas a ésta. Al ser los primeros enterramientos de gente humilde, consistían en pequeños túmulos de piedras encalados; pero al verse obligados los pudientes a inhumarse en el cementerio, la tipología de tumba empezó a evolucionar, dignificándose con formas abovedadas de cañón y dotándose de un frontispicio a modo de fachada.